los vigilantes de uam

 Cuentan los trabajadores del plantel universitario que hace años, entre el cuerpo de vigilantes, había uno llamado Encarnación, que cuidaba de las instalaciones cuando la mayoría de los alumnos y profesores se retiraban a casa a descansar. 

 
Encarnación tenía las llaves de todas las puertas e incluso ayudaba a regar lo jardines. 
 
Al inicio de la década del 2000, Encarnación falleció, pero, algunos dicen que no se fue de la escuela. 
 
Cerca de las canchas deportivas y de algunos talleres, miembros de la comunidad sugieren que han visto al señor, realizando sus rondines, como lo hacía en vida.
 
Los animales también son leales a sus dueños, aún cuando se marchan. 
 
Hace algunos años, vigilantes de la UAM eran acompañados en sus recorridos por un perro, que dejó este mundo hace tiempo. 
 
No obstante, trabajadores y estudiantes han escuchado su respiración agitada cuando caminan por lugares solitarios, como si alguien los acompañara para que estén seguros.
 
Para los hijos de quienes laboran en la UAM, la historia es distinta…
 
Se dice que el inmueble en el que se ubica el Centro de Desarrollo Infantil de la institución, en donde los hijos de los empleados pasan sus primeros años de educación, antes era una pulquería. 
 
Ex vigilantes comentaron a Reporte Índigo que quienes pasaban la noche en el sitio, cuidando la seguridad, podían escuchar un par de tacones, pero no le tomaban importancia. 
 
Sin embargo, una historia tenebrosa tuvo lugar cuando una pequeña de preescolar pidió permiso a su maestra para acudir al baño. 
 
A los pocos minutos, la niña regresó llorando y dijo que no podía hacer sus necesidades porque “la señora atrapada en la pared se reía de ella”. El baño se revisó y no se encontró a nadie; la pequeña tuvo que acudir a algunas sesiones con el psicólogo del plantel. 


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